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miércoles, 25 de junio de 2008

Elufico

Sólo bastó un instante, de pronto la noche se predispuso a ser infiel, se regocijo en el placer de ser su propia carne, la que redimía el pecado haciéndolo facineroso, y sin soportar más, se entregó. Probo todas las formas, fue blando, rígido, se compenetró con ser pequeño y recorrió cada centímetro, y de grande abarco todo lo que a su alcance estaba, los sabores lo transportaban por todo lugar del universo, el sudor, lagrimás, restos en rincones inhóspitos elevaban su conciencia a lo más alto sin dejarlo decidir si morir feliz o emborracharse en lujuria, los colores no dejaban que su mirar cesara de buscar en cada punto de su historia el simple signo de no ver el tiempo que recorría su piel, no existía el calor ni el frió, oleadas de líquido y fuego se entremezclaban para condicionar el perfecto aroma del sólo acariciar. Y, una vez más, su conciencia se fundió en un ínfimo suspiro, sin dejar más que marcas en el aire.